CRÍTICAS Y ESTUDIOS
“El diablo es magnífico”: El artificio de ser
Por Antonella Estévez B.

Mientras en Santiago paseaba un bus que difundía el mensaje “Los niños nacen siendo niños, las niñas nacen siendo niñas”, paralelamente en distintas ciudades de país se estrenó El diablo es magnífico una película que pone en cuestión esa frase y la ideología de género detrás de ella.

Porque a pesar de que las personas detrás de ese bus señalan que sus dichos son hechos biológicos, decir que “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Si naces hombres, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo” es ideología pura. La asociación entre genitalidad y comportamiento social es lo que define el género. La expectativa de que si hay pene se es hombre y, por lo tanto, -y este por lo tanto es fundamental- se espera de ese ser un comportamiento privado y público acorde a lo que lo que el discurso hegemónico social ha definido para la categoría hombre. Durante todo el siglo XX los estudios de diferentes áreas de las ciencias -biológicas y sociales- han demostrado que ese discurso es una construcción y cada vez es más evidente que hay múltiples maneras de armarse y vivir la identidad.

La protagonista de El diablo es magnífico es una muestra de lo anterior, se define a sí misma como una loca, un joven con rasgos afeminados que decide construirse desde una sexualidad ambigua, que ama el maquillaje y el vestuario femenino pero que no parece rechazar su genitalidad ni pensarse como una mujer.

Es esta segunda película el director Nicolas Videla repite el recurso de su cinta anterior Naomi Cambel (2013) -co dirigida con Camila José Donoso- al sostener toda la narración de la película en un personaje real y sus desafíos ante una sociedad que no parece aceptarle del todo.  En El diablo es magnífico es Manu quien define la narración -de hecho, el guión está basado en sus experiencias personales- y es su voz la que comparte con el espectador sus reflexiones sobre la construcción de su ser, sus amores y dolores.

Manu vive en Paris hace diez años y está considerando retornar a Chile después de ese autoexilio que no le dio todo lo que esperaba. En su relato señala que en la ciudad luz los valores en que se ha fundado la nación francesa – Igualdad, Libertad y Fraternidad- no son tan cotidianos como uno esperaría. Vemos a Manu pasear por Paris y encontrarse mayormente con hombres: conocidos, ex amantes, amigos (entre los que vemos sólo a una mujer) con los que se relaciona a distintos niveles. Manu reconoce que su vida está en proceso, que ha estado deprimida y que no sabe muy bien cuál es el siguiente paso, pero encuentra un camino en la elaboración de su imagen externa, en su fascinación con los espejos, la cámara, la belleza y el deseo del otro, que le ayuda a movilizarse.

El diablo es magnífico obtuvo el premio especial del jurado en el Festival de Valdivia y recientemente fue ganadora del Festival LGTB+ Amor. La potencia de su discurso a favor de la diversidad se basa en la pura experiencia, invita al espectador a seguir a un personaje interesante y carismático, y desde ahí reflexionar sobre lo que construimos desde lo personal y lo social. Porque, aunque quieran hacernos creer lo contrario nada es tan natural como parece, incluso la percepción que tenemos sobre nuestro propio cuerpo y sus posibilidades es algo que se nos ha enseñado y que, como todo discurso, puede ser cuestionado y puesto a prueba. Quizá es tiempo de retomar esos ideales humanistas de igualdad, libertad y fraternidad y actualizarlos para aplicarlos a todos aquellos que nos parecen tan distintos, pero que –al igual que cada uno de nosotros- también está en el proceso de construir su propio camino.