CRÍTICAS Y ESTUDIOS
La madre, el hijo y la abuela, de Benjamín Brunet
Por Alejandro Aravena *

Un joven fotógrafo se encuentra en Chaitén después de la catástrofe volcánica, realizando un proyecto donde su tema principal es la "reconstrucción personal". En esto conoce a Ana, una mujer que vive sola junto su madre María, de avanzada edad y delicada salud. La película está construida en tres capítulos, como un cuento con sus inter-títulos, donde cada personaje es un tanto protagonista de cada uno de ellos.

El contexto de un sur frío, la niebla, sombrío, té, mate y huevos de campo, hacen recordar los mejores capítulos de “Mea Culpa”. También el suspenso y aires de relato fantasmagórico de éste. Pero la historia no tiene la violencia de las producciones de Carlos Pinto y por lo mismo es más compleja de apreciar.

La intimidad de los protagonistas es nublada. Cristobal (fotógrafo) está ahí para encontrar sus raíces (es oriundo de la zona), reconstruir su pasado, pero nunca vemos, ni menos sentimos, su duda existencial. Mientras que Ana, mujer separada, que lamenta la lejanía de su hijo, busca reconstruir su propia vida, pero no la vemos hacer algo distinto para lograrlo. María, una mujer mayor y muy enferma, sólo espera contar con la compañía de su familia para cuando llegue su hora, pero esa esperanza queda resuelta desde el momento en que "adoptan" a Cristóbal. Finalmente, de ahí en adelante, todo parece una, disculpando el cliché, crónica de una muerte anunciada. Sabemos lo que son, qué hacen y qué quieren.

Los personajes se descubren mutuamente como lo hace cualquier familiar: en la intimidad de la mesa, donde siempre las conversaciones son lentas mientras se enfría el té, se cuentan sus preocupaciones y se discuten, se cuidan, se lloran y se ríen.

Es complejo llegar al interior de los protagonistas, porque, quizás, no son tan complejos. La historia no es complicada porque todos la vivimos en nuestra intimidad: querer y ser queridos. En esto, el mayor logro de Benjamín Brunet, director de la película, es plasmar lo intrínseco de todo ser humano en su relación con los demás. Algo que no es fácil de hacer, ni menos, apreciar.


* Crítico y fundador del sitio Abreaccion.com.