CRÍTICAS Y ESTUDIOS
“En tránsito”: Voces diversas
Por Antonella Estevez
4 de julio 2018

El cine ha sido uno de los más eficientes lugares para crear, instalar y reproducir la ideología de género, esa que ha definido lo que se supone que es “ser hombre” y “ser mujer” en nuestra sociedad. Los imaginarios respecto a “lo masculino” y “lo femenino” han encontrado en la pantalla un poderoso espacio para instruir a las personas respecto a lo que pueden o no pueden ser y hacer a partir de su constitución biológica. Llevamos más de un siglo en que son las películas –entre otras construcciones culturales- las que nos enseñan cómo se supone que debería comportarse un hombre -siempre valiente, dispuesto, activo- y cómo se debería ver una mujer: dócil, frágil y, por su puesto, estandarizadamente bella. Por eso no es menor que sea también desde el cine donde se esté comenzando a replantear estos roles de género y que películas chilenas estén ayudándonos a conocer otras maneras de habitar la identidad.

La influencia de la ganadora del Oscar Una mujer fantástica se hizo sentir hasta el congreso, obligando incluso a aquellos parlamentarios más conservadores a considerar la necesidad de hacer avanzar la Ley de Identidad de Género. Este efecto tuvo que ver con la atención internacional que recibió la película de Sebastián Lelio y su protagonista –la actriz trans Daniela Vega- que acercaron a un amplio público un relato sobre lo que puede significar ser trans en Chile.

El documental En tránsito, de la realizadora Constanza Gallardo Vásquez, invita al espectador a ir más allá y conocer la historia de cuatro personas trans que están en distintos momentos de su proceso. Este acercamiento le posibilita al espectador complejizar la mirada y le ayuda a entender que al igual que hay muchas maneras de ser hombre y mujer, hay muchas maneras de transitar hacia esos lugares e incluso de moverse hacia espacios en que ese binarismo se pone en cuestión.

Las y los protagonistas de En tránsito se exponen a la cámara de Gallardo y construyen un relato sobre ellos mismos, sus elecciones y desafíos. Son sus voces las que llevan el relato mientras los vemos desplazarse por la ciudad, interactuar con sus familiares y amigos y también construirse estéticamente desde lo que desean ser. Conocemos a la estudiante universitaria y poetisa Mara Rita, a Patricia una mujer adulta que hoy ayuda a otrxs que inician el camino de la transición de género, a Matías un adolescente que cuenta con el apoyo de su familia, pero ha vivido acoso constante de parte de compañeros de colegio y a Gis, quien escoge vivir su identidad sin etiquetas.

El lenguaje visual de la película es claro y directo. El documental tiene el objetivo principal invitar al espectador a acercarse a distintas experiencias sobre lo que es ser trans en Chile, por lo mismo no hay mucho espacio para juegos visuales o riesgos cinematográficos. Acá lo importante es el mensaje. Y ese mensaje está instalado en la mirada, las voces y el habitar de cuatro personas que han dado la pelea para poder ser quienes sueñan ser, y ese es un derecho que todas y todos deberíamos respetar y apoyar. Conocer estas historias nos ayuda a entenderlo de mejor manera, ser más empáticos y ojalá, pasar de la tolerancia a la aceptación.