El 18 de junio pasado se inauguró en La Habana, Cuba, la XIII edición del Festival de Cine Francés. Fruto de la cooperación entre entidades públicas y privadas tanto en Cuba como en Francia, desde su debut en el año 1998, más de un millón de cubanos han participado en el evento, que reúne ahora unos 140.000 espectadores anuales. Durante el periodo, 150 artistas franceses han viajado a la isla para apoyar las actividades.
Es bien conocido que en los mercados de cine de nuestro continente, la oferta de las superproducciones norteamericanas domina, para no decir arrasa. Incluso el propio cine regional tiene dificultades en cruzar fronteras. El cine de autor tiene un segmento muy limitado en estos mercados que no son particularmente cinéfilos en el sentido profundo de la palabra. Para las películas extranjeras que no son de habla inglesa, el idioma también es una dificultad, ya que hay una reticencia a leer subtítulos (para las películas intra-latinas, las diferentes versiones y acentos de un castellano todo menos que universal, son otro impedimento). Espacios disponibles en las pantallas de la multi-salas son otro obstáculo, con fechas de estreno frecuentemente atrasadas.
Tomando el caso del cine francés, su participación de mercado en 2009, medido por número de espectadores (4,8 millones en la región), representó apenas 1,3 % del total. Para Chile, la proporción es aún más baja que el promedio (0.8 %), con 17 estrenos franceses (incluyendo generosamente co-producciones) atrayendo escasos 118,504 espectadores. En comparación, una película nacional muy exitosa en Francia puede llevar de 5 a 10 millones a las salas galas.
La elección de Cuba como sede del evento no fue al azar. La isla es quizás el país más cinéfilo de la región, equipado con más de 250 salas, casi todas del tipo antiguo, algunos con más de 1.000 butacas, pero por lo menos acorde de lo que se pudo constatar en situ en la capital, en excelente estado y con buen nivel acústico. Contrariamente a la leyenda de los cubanos apartados de las corrientes internacionales y hambrientos de cultura, en 2009 se estrenaron en el país 169 largo-metrajes de ficción (lo mismo que en Chile), provenientes de 32 países diferentes, sin contar 34 documentales.
La versión 2010 del festival francés, que termina el 30 de julio, trae 16 largo metrajes y 63 cortos, en general estrenados en 2009/2010. Para los primeros días desde la inauguración oficial, también estuvo una delegación de unas 60 personas, incluyendo autoridades, directores, guionistas y actores, asi como representantes de ventas del cine francés. Por primera vez, se estrenó un mercado del cine, en dónde los vendedores franceses pudieron negociar la venta o acuerdos de distribución con 18 distribuidores de media docena de países de la región, todos invitados por UNIFRANCE, la agencia francesa para la difusión internacional del cine. Además estuvieron una decena de periodistas desde América latina, también invitados, y que tuvieron la posibilidad de entrevistar con calma a los directores y artistas de algunas de las películas presentadas, así como compartir informalmente con ellos durante varios eventos sociales que se organizaron. Todo un gran éxito.
Una de las cosas que la muestra revela es la diversidad de la oferta francesa. No se trata solamente de las películas de autor poco accesibles, pero una gama entera de dramas, thrillers, comedias de época, etc..sin olvidarse de las cintas animadas que tanto éxito tienen estos días. Básicamente, lo mismo que ofrece EE.UU. pero muchas veces de mejor calidad, aunque esté hablada en francés.
¿Qué conclusiones puede sacar el cine chileno al mirar este tipo de evento? Obviamente Chile no es Francia, pero después de todo produce tan bien que mal hasta 20 largo metrajes al año. Es cierto que pocos tienen un gran éxito comercial en Chile mismo, y corre la voz que los directores chilenos trabajan principalmente para cosechar premios en festivales.¿Pero, es suficiente, cuando se habla de “industria” cinematográfica?
En los últimos años, hubo muchos adelantos. La presencia de un stand chileno en el Marché du Film de Cannes, junto con una fuerte delegación, ha sido muy útil. No obstante, Cannes es un bazar tan concurrido que hay que hacer grandes esfuerzos para atraer la atención de terceros, particularmente en la parte comercial, dónde miles de películas desde los lugares más remotos e inusitados del mundo están compitiendo para hacerse notar, y venderse.
Un evento especifico con una selección bien elegida de invitados (distribuidores, prensa), quizás organizada conjuntamente con otro(s) país(es) vecino(s) en un lugar agradable de la región podría inspirarse del esfuerzo francés en Cuba. Los franceses consiguieron patrocinio de empresas privadas, lo que se podría reproducir en Chile. Aunque cuesta dinero traer y agasajar a los invitados, nunca lo va ser tanto como hacer lo mismo en Europa, y un lugar agradable de Chile o Argentina no deja de despertar interés en los participantes.
UNIFRANCE ya esta pensando en un proyecto de festival on-line para atraer más interés, bajando películas recientes a un precio simbólico, quizás con algunos aspectos interactivos. Esto puede ser un esfuerzo complementario en el caso de la promoción del cine chileno, pero habrá que empezar con los contactos en vivo.