María Romero

- 2 de abril de 1909
Santiago, Chile

† 14 de agosto de 1990
Santiago, Chile
Periodista y comentarista de cine. Pionera del periodismo cinematográfico en Chile y Latinoamérica. Proviene de una familia donde las preocupaciones intelectuales y literarias son dominantes, por lo intereses profesionales de sus hermanos, en particular de Alberto, fundador de la Alianza de intelectuales de Chile y uno de los narradores chilenos más importantes de la generación el 30. Alterna en su casa, en virtud de ello, desde muy joven, con  poetas y escritores como Pablo Neruda y Gabriela Mistral, entre muchos otros. Al terminar sus estudios secundarios asiste por un tiempo a la carrera de Pedagogía en Inglés en la Facultad de Filosofía y Educación de la Universidad de Chile, pero muy pronto la descarta para trabajar como secretaria de la educadora Amanda Labarca. En esta etapa, inspirada por un doble amor por los niños y la literatura, prepara como editora diversos libros: Antología de poesía infantil, Los mejores versos para niños, Antología de Amado Nervo y Antología universal de grandes poemas. Pone fin a este período al viajar a San Francisco, California con una beca en el Mills College, donde estudia un post grado en Educación Parvularia. Visita entonces por primera vez los estudios de Hollywood, experiencia que califica de golpe de fortuna, porque resulta a la larga premonitoria de lo que será su destino profesional. Poco después de su vuelta a Chile, es contratada como secretaria del escritor Luis Enrique Délano, que ha asumido la dirección de la revista Ecran, fundada algunos años antes por el periodista y director cinematográfico Carlos Borcosque. Aunque no tiene antecedentes como periodista, Délano la incorpora al oficio, encargándole algunas entrevistas: a la actriz Hilda Sour, que está de regreso en Chile, y a Tyrone Power, que llega por esos días de visita al país. Comienza así una carrera que la llevará a la dirección de la revista en 1939, cargo en el que permanecerá durante veinte años, convirtiendo la publicación en la “revista cinematográfica chilena por antonomasia”, según la define Jacqueline Mouesca. Su dedicación, su pasión por el cine, del que dice estar enamorada, es ya completa, y está asociada a la comprensión de que una revista de cine, en esos años, si quiere tener acogida de masas necesita, en primer lugar, dedicar efectivamente su páginas al cine (Ecran era hasta entonces una publicación un tanto híbrida, porque abarcaba también secciones literarias, de modas y otros temas), y en segundo lugar, tener en cuenta la presencia avasalladora del star system Convence ala Empresa Editora Zig-Zag, dueña de la publicación, que le otorgue plenos poderes para  introducir sus ideas, y levanta su circulación, que languidecía con cifras inferiores a los cinco mil ejemplares, llevándola, al cabo de unos pocos años,  a tirajes superiores a los cien mil ejemplares que se difundían en muchos países del Continente. Viaja constantemente a Hollywood, donde consigue entrevistar a las actrices, actores y directores más relevantes de esos años. El prestigio de Ecran, y su propio prestigio le abren las puertas como jurado de los más importantes festivales cinematográficos: Venecia, Cannes, San Sebastián, Mar del Plata y otros. Su clara predilección por el cine norteamericano no le impide, sin embargo, entender la importancia de otras cinematografías, la europea, en primer lugar,  que en los años 40 y 50 tuvo en Chile, como en otros países, una presencia capital. Es notable también la cabida que María Romero le dio en su revista a la producción chilena..  Al término de su gestión viaja a Estados Unidos, donde permanece durante dos años, y al volver, en 1963, inicia su prolongada colaboración como comentarista de cine del diario El Mercurio, y más delante de la Televisión Nacional. Ella rechaza el calificativo de “crítica” y asume plenamente el de “comentarista”. Su apertura y madurez intelectual le permiten apreciar los grandes cambios que ha ido experimentando el cine en los años en que el star system no es ya el punto de referencia dominante. Por su mayor riqueza conceptual, “prefiero el cine de hoy”, le confiesa a la periodista Margarita Serrano; “antes giraba en torno a la vida de las estrellas”. Admira a Bergman, Visconti, Buñuel y Scorsese, aunque La quimera del oro, de Chaplin, sigue siendo su película favorita. En 1972 recibe por su trayectoria el Premio que lleva el nombre de la destacada periodista chilena Lenka Franulic.

(Lucía Carvajal, extraído del "Diccionario del Cine Iberoamericano"; SGAE, 2011)

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